jueves, 19 de junio de 2014

Utopía y responsabilidad

(apareció en La Voz de Almería el 20-5-14)

UTOPÍA Y RESPONSABILIDAD

La política no es otra cosa que la modulación de los límites de lo posible en sociedad. Cuando algo se sale del marco establecido (la pregunta clave siempre es ¿por quién?) aparecen los defensores del status quo a invalidar la disonancia tachando aquello que se proponga o haga al margen de lo previsto como irresponsable o antisistema. Irresponsable significa peligroso, y antisistema es algo que atenta contra la vida tranquila y ordenada que todos queremos llevar. Cuando lo que se dice o hace es aceptado por el sentido común como algo positivo se lo despacha diciendo que es algo utópico. Es bonito pero es utópico, dicen, y utópico equivale a imposible. Porque hay que ser responsable y realista, es decir, conservar y reproducir el sistema, pues sus defectos son pequeñeces inevitables, y cualquier alternativa sería un caos peor. Eso repiten. Todos los días, aunque los escombros de su realidad nos caigan encima. Así. Poner el derecho efectivo a la vivienda por encima del expolio de la banca es una utopía, diga lo que diga la Constitución o la Declaración Universal de los Derechos del Hombre. Lo mismo sucede con el derecho a trabajar y hacerlo dignamente; o con la pobreza aquí y allá, o con el hambre. Utopía y demagogia, añaden. La realidad no se construye con sueños y siempre ha habido ricos y pobres. A todos nos gustaría creer en el desarme de los ejércitos o en un mundo que respetara al Medio Ambiente pero la realidad es la que es, lo posible es lo que decimos que es. Pensar lo contrario es irresponsable, ridículo y peligroso.

Han conseguido que ese mensaje cale, y tienen razón: la utopía es antisistema. Aunque no se me ocurre nada más responsable con el futuro que ir a por ella. Decía Eduardo Galeano que la utopía está en el horizonte: no podemos alcanzarla pero nos obliga a caminar. Y caminando se llega al futuro. Algunos antes, como dijo Jean Cocteau, como no sabían que era imposible lo hicieron. Irresponsables y antisistema que perseguían utopías imposibles como el fin de la esclavitud, la abolición del trabajo infantil o el sufragio universal. También entonces hubo quien defendía que la esclavitud era buena para el esclavo, que el niño trabajador tenía la fortuna de un salario o que lo mejor para los pobres y las mujeres era que no participaran en política. Por su bien, por responsabilidad. Ya. La verdad es que no hay contradicción entre la realidad y la utopía, y quien te vende lo contrario tiene su interés en que nada cambie. Porque resulta que los límites de lo posible sólo dependen de nosotros, y no quieren que lo sepamos.

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