domingo, 24 de junio de 2012

El Algarrobico no es el problema.


(antecedentes: el artículo fue publicado el 15 de septiembre de 2011, tras el enésimo encontronazo entre Greenpeace y algunos sectores del pueblo de Carboneras.)




El Algarrobico no es el problema


Soy de Carboneras y estoy a favor de la demolición del hotel del Algarrobico. Entiendo que para muchos esto sea incompatible, pero nunca he creído en un mundo pintado en blanco y negro. Estoy en contra del hotel, pero también estoy irremediablemente a favor del pueblo. Porque el verdadero drama de los carboneros no es que se abra o no esa mole blanca, la urgencia real es la falta de empleo, y la ausencia de perspectivas visibles de desarrollo económico. Así de claro. Por eso se manifiestan con vehemencia y se sienten agredidos por ecologistas y jueces que parecen estar robándoles su futuro. Es comprensible. Durante años se ha alentado, de manera interesada, la llama de que el porvenir del pueblo pasaba por la puerta de ese hotel. Aunque sea mentira.
Se puede explicar que el hotel es ilegal o que sólo generaría empleo estacional de baja calidad, se puede intentar que comprendan que ese modelo de cemento en la playa y turismo masivo es ya el pasado y que no tiene horizonte frente a la competencia de nuevos destinos como el Magreb o Croacia, se puede gritar que la riqueza de Carboneras es su medio natural y que es necesario explotarlo sin destruirlo para poder vivir de él durante más tiempo. Se pueden decir mil cosas, pero la evidencia es más testaruda: la gente no tiene trabajo y el hotel está construido; si destruyen el hotel la gente sigue sin tener trabajo.
Así que respeto y comprensión a esos carboneros que se manifiestan por algo que les incumbe absolutamente. Tiremos el hotel, sí, pero ofrezcamos algo palpable a toda esa gente.
Los culpables de la situación del pueblo no son los ecologistas ni los jueces, sino las distintas administraciones que dieron los permisos para algo que a día de hoy se considera ilegal. No es entendible que la Junta diera carta blanca a algo que después, ante la presión mediática, rechazó de plano. Amén de la bochornosa historia de los mapas. Tampoco es entendible que el Ministerio de Medio Ambiente actúe a golpe de foto de Greenpeace. Ni que el Ayuntamiento quiera defender a toda costa lo que los tribunales ya han condenado. Unos por otros y el pueblo sin trabajo.
Un pueblo que tiene unas limitaciones muy concretas y que en gran parte van determinadas por el Parque Natural. No puede ser que la riqueza de un lugar favorezca su empobrecimiento, el pueblo de Carboneras debe exigir alternativas viables a aquellos que lo han metido en esta jaula de crispación. Los que le han puesto el caramelo en la boca del Algarrobico para después quitárselo. Si quieren que los habitantes del Parque amen el Parque tendrán que ofrecerles la posibilidad de vivir de él. Si pregonan el desarrollo sostenible tendrán que dotar de instrumentos económicos acordes a esa consigna. Si no quieren que el pueblo de Carboneras se sienta estafado y abandonado tendrán que darles un futuro que no sea el del beneficio rápido de unos pocos y la vuelta a la precariedad casi inmediata de la mayoría. Ese otro futuro es posible y sólo falta la voluntad.
Está claro que el Algarrobico no es el modelo, y aunque lo fuera, se han empeñado en que el mañana de Carboneras no debe pasar por ahí. De acuerdo. Pero basta ya de abusos. No sólo de abusos urbanísticos, sino que también y sobre todo, basta de abusar de la gente. Estoy en contra del hotel y quiero que no quede ni un ladrillo frente a la playa, pero estoy a favor, sin matices, de los carboneros. Que los responsables paguen, y que los que nosotros pagamos con nuestros impuestos encuentren la llave del futuro, sino quieren que acabemos tirando la puerta abajo. Que ya está bien de jugar con las personas.



ADENDDA:




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