miércoles, 27 de junio de 2012

Doscientas familias en la calle.


(antecedentes: el artículo salió el 29 de septiembre de 2011, gobernaba otro partido en Madrid pero el problema no ha hecho otra cosa que agravarse)




Doscientas familias en la calle



Cada día se ejecutan en España unos 200 desahucios, es decir, unas 200 familias acaban en la calle. Probablemente este sea el síntoma más evidente del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, de la crisis que nos muerde los tobillos. Pero también de las trampas que el sistema tiende a sus piezas más débiles. Pasa cada día. Tal vez en el piso de al lado, tal vez al leer esto ya esté sintiendo el aliento del banco en la nuca. Vivimos en casas llenas de fantasmas con cadenas  en  forma de hipoteca.  Con la ansiedad durmiendo a los pies de la cama. Recordemos:
            Hace pocos años entramos a un banco con la ilusión de comprarnos una vivienda.  Por todos lados se construían casas. Todo el mundo debía comprar, era lo que tocaba. Llegamos y el banco apenas nos pidió explicaciones: ¿Eso quieres? Pues toma más, con este pico extra podrás amueblarla e incluso pagar la entrada de un coche. Por ejemplo. Teníamos trabajo, y futuro. Seguramente pecamos de irresponsables, pero en el pecado de pedir está la virtud de no dar. Los bancos animaban al riesgo aduciendo que este no existía. Hipotecas de hasta cuarenta años, comprometiendo en muchos casos más de la mitad de los ingresos familiares. Sin apenas control, millones de veces. Qué importaba, teníamos nuestra casa; y teníamos trabajo.
            Hasta que de tanto especular sobre el vacío los bancos y las promotoras reventaron la pompa del chicle que estaban mascando sobre la cara de todo un país. Y entonces. La precariedad, el paro. Cinco millones de parados son cinco millones de dramas y varios miles de hipotecas amenazadas de impago. Y en esas estamos. Cada día doscientas familias reciben la visita del secretario judicial que los echa de su casa.  A la calle. El banco se queda con la vivienda por la mitad del precio de tasación, y obliga a la familia desahuciada a seguir pagando el resto más los gastos judiciales. Es decir. Te quitan tu casa y te obligan a seguir pagándola. Y recordemos que todo esto sucede en un país donde se calcula que hay más de dos millones de viviendas vacías. En el cobro de las irresponsabilidades los únicos que salen ganando, como siempre, son los bancos.
            ¿Y qué hacen nuestros políticos para aligerar ese drama? En el caso de los partidos mayoritarios, sistemáticamente se posicionan del lado de las entidades bancarias. Son varias intentonas las que se han llevado al Congreso para legislar la dación en pago (entregar la casa para saldar la deuda) como ya se hace en Francia o en Estados Unidos, pero tanto PSOE como PP han votado en contra so pretexto de no desestabilizar a la banca. Se ve que las familias desestabilizadas no son un problema tan grave. El último intento ha partido de los propios ciudadanos que se han plantado en el parlamento con una ILP (cambios legales promovidos con recogida de firmas) que contempla, entre otras cosas la dación en pago y un alquiler social para las familias desahuciadas que no supere el 30% de los ingresos. Soluciones reales a la medida de la desesperación real.
            El drama diario de esas doscientas familias está ahí. La actitud de la banca y de los políticos que nos gobiernan, o están en puertas de hacerlo, también. El artículo 47 de la Constitución tiene la tinta diluida. Nadie defiende a esas familias estafadas. Pero el problema siguel, y han sido las propias víctimas y sus vecinos los que han dicho basta. La PAH y otros colectivos ciudadanos ha detenido más de setenta desahucios en estos meses, ellos mismos, junto a otras organizaciones, son los que han llevado la iniciativa al Congreso, demostrando que si los de abajo se mueven los de arriba se tambalean. Parece que no queda otra. Aunque aún nos resulte ajeno, ahora mismo está sucediendo en nuestro barrio o en nuestro pueblo. Y no es justo. Y no es humano. No se trata de economía ni de política. Se trata de que mañana nos puede tocar a nosotros. Se trata de que no somos responsables de esta crisis y es sobre nuestras espaldas sobre la que caen sus escombros.



ADENDDA:


- El Gobierno de Zapatero suavizó las condiciones pero.


- El Gobierno de Rajoy nos vendió medidas más fuertes pero.


- Las fuerzas del orden defienden los intereses de los bancos.


- La ILP sigue su curso ¿has firmado ya?

1 comentario:

  1. Cierto: mañana puede ser a cualquiera de nosotros. Así que todos debemos tener los ojos bien abiertos.

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