lunes, 8 de octubre de 2012

Dios Euro.


(antecedentes: desde que estalló la llamada Crisis de la deuda en nuestro país y en otros miembros de la zona Euro como Portugal, Italia, Grecia,etc. estamos viendo cómo se cambian leyes, se reforman constituciones y se devalúan derechos con el objetivo, dicen, de salvar el Euro, cuya existencia, no se cansan de repetir, es irreversible. El artículo fue publicado el significativo día del 25 de septiembre de 2012)





DIOS EURO

Rebúsquese en el bolsillo y  si, con suerte, encuentra una moneda obsérvela atentamente. Un Euro. Con su doble brillo entre plata y oro pobre. Observe el mapa y las estrellas. El relieve de alguien o algo. Ahí está. Sobre la palma de su mano tiene usted a su dios. Y no tanto, que también, porque el dinero sea el motor inmóvil sobre el que gira el mundo y contra el que se estrellan nuestros anhelos y nuestras torpezas. No solo. El dinero es pura abstracción metafísica. El dinero es un invento del hombre que nació por la necesidad y la clarificación de la vida y las cosas, pero que con el paso del tiempo ha devenido en simple yugo.  Como la idea de dios, ni más ni menos. No hay nada natural en el dinero. Esa moneda en sus manos no es nada, un trozo redondeado de metal al que nos han enseñado a venerar. Su valor es una convención social exterior y anterior a nosotros. Nos viene dada, impuesta, y cuestionarla es cuestionar el principio que rige todo, nos dicen. El dinero no se refiere a nada, y menos desde que se abandonó el patrón oro. El dinero empieza y acaba en sí mismo. Hoy día circula invisible, ajeno, en arrebato abstracto, por las autopistas de la información. Cifras, logaritmos. Algo como la nada, pero que encierra todo, algo que establece los límites de lo posible. La vida, el valor, la riqueza, el bienestar, el sentido. Un dios. Esa invisibilidad poderosa, vigilante, es la que misma que tienen los dioses, y su cortejo de intermediarios. Los que conocen lo sagrado y lo traducen a los profanos. Los sacerdotes, los economistas. El mismo poder y la misma obediencia ciega hacia algo que no es sino un vacío terrible. No es casual que en los billetes de Dólar aparezca el lema “In God we trust”. La moneda es dios, y nosotros somos su iglesia.


Mire ese Euro.  Piense. La crisis de la moneda única y sus consecuencias. El lenguaje que usan para vendernos nuestra derrota en su circunferencia. Un lenguaje agresivamente religioso que se sirve de sencillos intercambios: euro por dios, mercados por oráculos, políticos y financieros por sacerdotes y santos. El relato es así, seguro que le suena:  nuestros pecados (ese vivir por encima de nuestras posibilidades que tan necia y machaconamente nos repiten) nos han llevado al desastre, nuestro dios está débil y requiere para su revigorización cuantos sacrificios sean necesarios, cada vez mayores cuanto más débil se halle (el sol azteca pedía víctimas incontables y el dios euro exige recortes y devaluación del nivel de vida), todo determinado por unos sacerdotes que interpretan las leyes y el mandato divino (unas leyes de mercado que lejos de ser naturales y rigurosas son una ficción incontrolable) y todo para que en un futuro indefinido llegue la recompensa (la lluvia, el paraíso, la creación de empleo y el crecimiento económico). Un relato simple, enraizado en nuestro inconsciente desde hace milenios. Por eso lo usan, y les funciona.

Ahora bien, la religión y los dioses, desde un punto de vista materialista, no son sino herramientas de dominio de los pocos sobre los muchos. Los procesos de secularización han dejado en evidencia a las castas sacerdotales, las iglesias y sus imposturas. Sus reinos eran de este mundo, y se erigían sobre la nada. Y el Euro, ese dios airado que le mira ahora desde su mano, también es nada. Otro instrumento para ceñir la corona y los privilegios de unos pocos frente a la asfixia y la desesperación de los muchos. De usted, por ejemplo. Partamos de ahí, de que es un dios falso, y de que no hay, por tanto, ni profecía ni mandato sagrado que nos obligue a aceptar esos sacrificios, a pagar una deuda que nos apaga. Pero mire una vez más la moneda, su brillo indeciso.  Sepa que es usted quien le otorga todo el poder que ese objeto pueda tener. Si hay un dios está dentro de su mano, no sobre ella. Pruebe a reformular los preceptos de esta religión. Cualquier herejía es bienvenida. Cualquier cosa menos este fanatismo integrista que nos está matando.

lunes, 1 de octubre de 2012

Sobre el (des)crédito de la política, la banca y el quid pro quo.

Sobre el (des)crédito de la política, la banca y el quid pro quo:
 
1- El Banco Santander perdonó unos 3,5millones al PSOE en 2006. En 2011 Zapatero indultó al vicepresidente de dicho banco condenado por el Tribunal Supremo.
 
2- La deuda del PP con la banca ha aumentado un 264% en los últimos tres años de los que se tienen datos (2005-2007, justo antes de la crisis).
 
3- Tanto PP como PSOE y otros partidos (prácticamente todos) se han endeudado con una banca que les ¿regala? beneficios: condonaciones, intereses bajos, etc.
 
4- En 2007 no existía el déficit público y recuerdo que se generó para tapar la sangría bancaria tras el estallido d la burbuja inmobiliaria.
 
5- El tema de la financiación de los partidos no es un tema menor en democracia.

lunes, 24 de septiembre de 2012

MIS RAZONES PARA EL 25S.

MIS RAZONES PARA EL 25S: 1- El sistema parido en la Transición era ya insuficientemente democrático pero desde mayo de 2010 los partidos gobernantes incumplen sistemáticamente su programa electoral para seguir las directrices de entidades sin control ciudadano como el BCE o el FMI o los famoso mercados, incluido un cambio exprés de la Constitución sin consenso político ni respaldo ciudadano.  2- Es el momento de que las protestas ciudadanas empiecen a tener un horizonte claro y ambicioso: iniciar un proceso constituyente, por el cual recuperemos y aumentemos la soberanía construyendo una democracia participativa real, que es lo que muchos venimos pidiendo en acampadas y acciones. 3- Reconozco que el objetivo señalado por la acción (que dimita el gobierno, etc) dista mucho de ser realista, pero entiendo que esta convocatoria puede ser un punto de inflexión que propague esa idea de la necesidad de iniciar el proceso constituyente, así que entiendo el 25S como un jalón más en un camino todavía largo, pero un jalón importante. 4- Las dudas iniciales sobre la convocatoria me vinieron por la intoxicación interesada de algunas partes (que veían elementos golpistas o de extrema derecha donde después se ha demostrado que no los había) y la torpeza de la plataforma En Pie que eran los organizadores originales, ambas cosas se han  corregido desde la transparencia de la Coordinadora 25S: metodología horizontal e inclusiva, y refuerzo de posiciones anticapitalistas. 5- Como  se acordó, y en eso no puedo estar más de acuerdo, en mi asamblea los únicos límites deben ser los de la violencia. Cualquier acto violento ya dejará de representarme. 6- La actitud del Gobierno, sus medios afines y el anterior partido gobernante ante la convocatoria no hace sino reforzar mis posiciones: detenciones preventivas, golpes a los CSO más emblemáticos relacionados con el 15M, acusaciones de golpismo, anuncio de llevar todo un ejército de antidisturbios al Congreso. 7- Ya es hora de empezar a pedir a gritos una nueva Constitución que parta del pueblo, hay que dar el primer paso.

jueves, 30 de agosto de 2012

La Transición era mentira.

(antecedentes: el artículo salió publicado en febrero de 2012 pero tiene una vigencia de más de treinta años, la crisis actual ha desnudado el sistema y la cultura que heredamos de la generación anterior.)
LA TRANSICIÓN ERA MENTIRA
 
Nací en 1978. Cuando se aprobó la Constitución, y crecí, junto a mi generación, con el relato de un proceso llamado La Transición, que condujo a los españoles, cainitas genéticos según parece, a construir una hermosa democracia moderna partiendo de una dictadura gris, agonizante, a la que supo doblegar y convencer para el tránsito. Nos exportaron como modelo a imitar para otros países que quisieran pasar del blanco y negro al tecnicolor. Nos llenaba de orgullo y satisfacción pertenecer a un país plenamente occidental. Cada año en el colegio recordábamos la maravillosa metamorfosis y los peligros que acechaban en sus márgenes: el 23F como frontera, la Guerra Civil como fantasma. En fin. Las instituciones y las normas derivadas eran garantes de este orden nuevo, había que cuidarlas y respetarla porque más allá estaba la barbarie y el retroceso.  La Corona, la ley electoral, la liviana separación de los tres poderes, el peso no disimulado de la Iglesia, la amnesia con los crímenes de Franco, etc. Esas cosas eran buenas porque los españoles lo habían aceptado en paz y con el arma inédita del consenso.  Fantástico.
Pero a estas alturas ya sabemos que en todo relato hay dosis muy altas de ficción. Siempre. Y más en aquellos discursos culturales que quieren fortalecer un sistema de poder y legitimar unos valores y unos privilegios. No hay verdades puras. Aparte de la evidencia de que nuestra democracia no es sino una evolución pactada del régimen anterior, la actualidad nos deja muestras inequívocas de que la solidez del relato comienza a resquebrajarse. Los símbolos y los dogmas se van volviendo endebles, y el sistema va perdiendo, a pasos agigantados legitimidad para muchos ciudadanos, como yo, que han vivido siempre dentro de este conjunto de normas y valores.
 Ejemplos y contraejemplos, breves y recientes:  el papel del difunto Manuel Fraga en la represión de los años 70 frente al impostado discurso de la Transición pacífica, unos muertos sin justicia y el responsable político elevado a los altares “democráticos”. Incoherencia. Que un juez pueda investigar crímenes genocidas en países remotos pero lo tenga vetado en su propio país: el exjuez Garzón.  Que tenga que venir un caso de corrupción tremenda para que la Casa Real decida, de manera sesgada, ofrecer una mínima porción del dinero público que maneja, o que venga una revista alemana a decirnos que el heroísmo demócrata del Rey el 23F pudo no serlo tanto. O la puntilla. La reforma constitucional de este verano por el tema del déficit, sin un amago de consenso político o consulta popular, de urgencia, con la sola firma de PSOE y PP y el aliento marcial de Alemania en la nuca. Con esas cosas, que son apenas una muestra mínima, ya vamos siendo muchos los que no nos creemos este sistema ni el relato que lo sustenta. Será cosa del abismo generacional.
Que estamos mejor que con Franco, no lo pongo en duda. Pero muchos, cada vez más, no nos sentimos representados por el marco en el que nos movemos. Por su parte, la Cultura de la Transición, que es como denominó Guillem Martínez a este paradigma, en el sentido más amplio del término cultura,  ahora flaquea, se revuelve y se endurece, del mismo modo en que lo hizo el Franquismo en su última fase. Nada extraño. Y es que este mundo, además, es muy distinto del de  1978 o 1981, y las democracias representativas de Occidente están siendo sometidas al imperio de los mercados, perdiendo su propio papel de intermediación con la sociedad, que vive entre el miedo y la desconfianza estructural al propio sistema, que el ciudadano percibe como algo nocivo e inoperante. Nuestra Transición, o al menos su relato, no decía nada de sumisión y pérdida de soberanía popular en aras del dios dinero. Seguramente estemos en el momento de exigir una nueva transición hacia una democracia digna del siglo XXI, aunque los pasos que se van dando nos encaminan hacia otros modelos más cercanos a lo que había en 1977. De nosotros depende. Algunos ya se han puesto a trabajar en ello.
 
ADDENDA:
 
 

miércoles, 25 de julio de 2012

La fiesta de la Democracia.

(antecedentes: el artículo salió publicado la última semana de campaña electoral de las últimas elecciones, cuando acabábamos de vivir, entre otras cosas, una reforma exprés y antidemocrática de la Constitución para priorizar el pago de la deuda frente a cualquier otro)






La fiesta de la Democracia.

El 20N hay elecciones. Y hasta entonces ruido y luces, imágenes en las paredes y voces en las radios que nos susurran al oído: vótame. Es la fiesta de la Democracia, nos dicen algunos, el voto es la expresión de plenitud de las conquistas de siglos; mientras de reojo vemos cómo en Grecia o en Italia los votos que cuentan a la hora de formar gobiernos son los de la mano (in)visible de los mercados. Tanto ruido y tanta luz para que luego la voluntad de los votantes se traduzca en puros ejercicios de ventriloquía: habla Papademos o Monti y podemos escuchar la voz, apenas disimulada, de Goldman Sachs o el FMI. En fin. Aquí estamos de fiesta, insisten. Y es cierto: una fiesta de disfraces donde casi todos los invitados llevan una máscara gemela con barba, y donde la orquesta corea un estribillo que es difícil no tararear: rajoyrubalcabarubalcabarajoy. Eso dicen los medios o a las encuestas o la deriva histórica de otras elecciones. Rojo y azul como únicas opciones alumbradas por los focos, cuando en los últimos comicios más de 20 millones decidieron no votar a uno ni a otro.

            Las elecciones son un juego con las cartas marcadas, el resultado siempre desvirtúa la verdadera cara del electorado antes y después del voto. La Ley Electoral potencia el bipartidismo y la sobrerrepresentación de los partidos nacionalistas. Cifras objetivas y desapasionadas: PP y PSOE necesitan una media de 60000 votos para un escaño mientras que IU cambió el mismo premio por medio millón de papeletas, UPyD le dio un asiento a Rosa Díez con los mismos números que el PNV consiguió seis. No todos los votos ni todos los votantes cuentan igual. No hay proporcionalidad ni verdadera representatividad. Todo ello después del escrutinio, pero antes ya se han producido otros trastornos en la mente y en la decisión del votante, que no vota según sus ideas sino por, mal entendido, pragmatismo: el voto útil, el voto del miedo y el voto de castigo. Evidentemente con otras reglas las intenciones de los jugadores serían distintas y el arco parlamentario, por fuerza, más plural y más en consonancia con la realidad ideológica del país.

            Esta ley electoral fue fruto de la Transición, como tantas otras cosas que ahora se cuestionan, y pretendía favorecer la estabilidad del nuevo sistema. Han pasado 33 años, tiempo suficiente para no tenerle miedo a más Democracia. A más libertad. Porque si entendemos la libertad como la posibilidad de decidir entre diversas opciones, convendremos en que nuestro sistema la ejerce poco. Por esa ley antes citada, por la reforma de enero que ha exigido avales a los partidos extraparlamentarios para poder siquiera participar, y que ha acabado borrando del mapa a decenas de pequeños partidos. Nos tienen dicho que la participación política es a través de los partidos para luego poner trabas a la misma. Y finalmente por las listas cerradas que emborronan cada papeleta: las listas de candidatos al Congreso las elaboran los propios partidos (PP y PSOE suelen usar el método del dedazo) que escogen el orden por el cual irán obteniendo acta de diputado. Si votas votas el pack completo, nada de matices ni diversidad. Ese es nuestro sistema electoral, sancionado por los propios partidos beneficiados y por los medios que los jalean.

            Existen otras formas de hacer las cosas, puede haber una ley electoral más proporcionada y que además respete las peculiaridades regionales españolas, como sucede en Alemania, donde la cultura de la coalición y la búsqueda de consenso no ha impedido ser la locomotora (aunque ahora nos está obligando a descarrilar) de Europa; y el sistema de listas abiertas entre partidos ya se usa aquí en el Senado. Lo que sucede es que falta voluntad y sobra apego a los privilegios. Pero no pasa nada, sigamos el baile, yo el 20N iré a votar,  por si mi voto también puede mutar las reglas. Aunque sea iluso, aunque vengan el BCE y Fitch a decir que la fiesta  terminó. No importa. Entonces, como ahora, la calle seguirá siendo ancha y la plaza acogedora.


ADDENDA:

- El PP consiguió mayoría absoluta con menos votos que Zapatero su anterior mayoría simple.

- Así habría quedado el Congreso con otras leyes electorales distintas tras el 20N.

- El Gobierno incumple sistemáticamente su programa electoral

- España y sus gobiernos siguen perdiendo soberanía..

lunes, 16 de julio de 2012

Mística minera.

(antecedentes: el artículo es de julio de 2012, coincidiendo con la llegada de las marchas mineras a Madrid y su masivo recibimiento. Pretendo no solo hablar desapasionadamente del conflicto y su problemática, también sobre la fascinación que esta lucha ha provocado en muchísima gente)






Mística minera 



La crisis, el hartazgo y unas políticas de ajustes esencialmente injustas están generando un alto malestar social. Hay protestas en diferentes sectores, más o menos visibles: educación, sanidad, parados, funcionarios, indignados, etc. Precisamente el espíritu quincemayista, con su apuesta por la desobediencia pacífica, y la tradicional y aburrida protesta sindical son la tónica general de estas movilizaciones.  Muchas pero desunidas. Casi se puede decir que se ha  normalizado la protesta, se ha filtrado en la cotidianidad y, por eso, corre el peligro de ser menos efectiva. Puede ser. El caso es que en este hervidero hay un conflicto que emerge por encima del resto: el de la minería. Y lo hace porque sus métodos, viejos y contundentes, suponen un paso más, un paso fuerte. Y a muchos les embriaga la estética de los pasamontañas y las barricadas ardiendo en el asfalto. Tiene lógica. Los mineros, junto a los trabajadores de los astilleros, son de los pocos colectivos que conservan una solidaridad combativa que parece de otro tiempo. A los demás esta contundencia nos suena casi a mito, nos han ido disolviendo, amortiguando, en lo que se conoce como paz social: objetivamente uno de los mayores triunfos del  sistema de la transición. El mismo sistema que se está desmoronando ante nuestros ojos.
            Los mineros resisten. Lo intentan con fuerza. Defienden su pan.  Para muchos medios se trata solamente de un problema de orden público. Violencia injustificada que hay que reprimir por el bien de la mayoría. Pero no atienden a la base del problema, al por qué de las barricadas: pueblos enteros se están quedando sin futuro. Lo anormal sería aceptar el expolio sin defenderse, y justo eso es lo que parece que sucede más allá de las cuencas mineras.
            Por eso seducen. Porque ellos sí.
            Ellos se arriesgan y luchan en el sentido estricto de la palabra. La protesta debe generar perturbación sino no sirve, si el que protesta no molesta  su protesta es inocua y no será atendida.  Los que están colmados de mística minera ven esto: ellos han comprendido que hay que ser duro, impenitente, radicalmente solidario. Llamémosle mística, o nostalgia. O rabia latente.  Como sea.
            El problema de la minería es otro. El carbón español no es rentable, ni en términos económicos ni  ecológicos. Sobrevive gracias a las ayudas que ahora se eliminan, el carbón que se consume en España suele venir de fuera. La UE ha puesto 2018 como punto final. En los últimos tiempos cayeron muchos millones para facilitar la transición a otro modelo productivo. No se ha hecho gran cosa. La lógica del capitalismo y de los recortes dice que si no es rentable se cierra. La ecologista dice que hay que empezar a prescindir ya de los combustibles fósiles, por contaminantes y por finitos. De acuerdo. Pero no se trata de la minería, se trata de los mineros.
            Son  comarcas enteras. Luchando mientras el Gobierno hace oídos sordos, espoleado por otra mística, la liberal, con la Tatcher como santa patrona (que ganó su encarnizada lucha con los mineros británicos  sin  ceder), tanto que incluso han expulsado del PP al senador que rompió la disciplina de voto en este tema. Así son. Pero la pelea sigue, es demasiado lo que está en juego para muchos.
            Ellos lo tienen claro. Saben que no hay otra. O eso o regalar su futuro. Qué menos que no agachar la cabeza, piensan muchos, envueltos por el perfume de la mística minera. Qué pena que no sintamos la soga al cuello como ellos para reclamar lo que es nuestro como en Asturias. Eso dicen.  En un país con cinco millones de parados, más del 50% de paro juvenil, con trescientos desahucios a la semana, con la idea cada vez más clara de que quienes han vivido por encima de nuestras posibilidades han sido los únicos que no están sufriendo la crisis y sus políticas. Así es, y extraña que solo se  tenga nostalgia del sentimiento de lucha minero. Más allá de las cuencas el futuro también está en entredicho. No hablo de violencia, sino de reacción. ¿Es hora?

ADDENDA:







miércoles, 27 de junio de 2012

Doscientas familias en la calle.


(antecedentes: el artículo salió el 29 de septiembre de 2011, gobernaba otro partido en Madrid pero el problema no ha hecho otra cosa que agravarse)




Doscientas familias en la calle



Cada día se ejecutan en España unos 200 desahucios, es decir, unas 200 familias acaban en la calle. Probablemente este sea el síntoma más evidente del pinchazo de la burbuja inmobiliaria, de la crisis que nos muerde los tobillos. Pero también de las trampas que el sistema tiende a sus piezas más débiles. Pasa cada día. Tal vez en el piso de al lado, tal vez al leer esto ya esté sintiendo el aliento del banco en la nuca. Vivimos en casas llenas de fantasmas con cadenas  en  forma de hipoteca.  Con la ansiedad durmiendo a los pies de la cama. Recordemos:
            Hace pocos años entramos a un banco con la ilusión de comprarnos una vivienda.  Por todos lados se construían casas. Todo el mundo debía comprar, era lo que tocaba. Llegamos y el banco apenas nos pidió explicaciones: ¿Eso quieres? Pues toma más, con este pico extra podrás amueblarla e incluso pagar la entrada de un coche. Por ejemplo. Teníamos trabajo, y futuro. Seguramente pecamos de irresponsables, pero en el pecado de pedir está la virtud de no dar. Los bancos animaban al riesgo aduciendo que este no existía. Hipotecas de hasta cuarenta años, comprometiendo en muchos casos más de la mitad de los ingresos familiares. Sin apenas control, millones de veces. Qué importaba, teníamos nuestra casa; y teníamos trabajo.
            Hasta que de tanto especular sobre el vacío los bancos y las promotoras reventaron la pompa del chicle que estaban mascando sobre la cara de todo un país. Y entonces. La precariedad, el paro. Cinco millones de parados son cinco millones de dramas y varios miles de hipotecas amenazadas de impago. Y en esas estamos. Cada día doscientas familias reciben la visita del secretario judicial que los echa de su casa.  A la calle. El banco se queda con la vivienda por la mitad del precio de tasación, y obliga a la familia desahuciada a seguir pagando el resto más los gastos judiciales. Es decir. Te quitan tu casa y te obligan a seguir pagándola. Y recordemos que todo esto sucede en un país donde se calcula que hay más de dos millones de viviendas vacías. En el cobro de las irresponsabilidades los únicos que salen ganando, como siempre, son los bancos.
            ¿Y qué hacen nuestros políticos para aligerar ese drama? En el caso de los partidos mayoritarios, sistemáticamente se posicionan del lado de las entidades bancarias. Son varias intentonas las que se han llevado al Congreso para legislar la dación en pago (entregar la casa para saldar la deuda) como ya se hace en Francia o en Estados Unidos, pero tanto PSOE como PP han votado en contra so pretexto de no desestabilizar a la banca. Se ve que las familias desestabilizadas no son un problema tan grave. El último intento ha partido de los propios ciudadanos que se han plantado en el parlamento con una ILP (cambios legales promovidos con recogida de firmas) que contempla, entre otras cosas la dación en pago y un alquiler social para las familias desahuciadas que no supere el 30% de los ingresos. Soluciones reales a la medida de la desesperación real.
            El drama diario de esas doscientas familias está ahí. La actitud de la banca y de los políticos que nos gobiernan, o están en puertas de hacerlo, también. El artículo 47 de la Constitución tiene la tinta diluida. Nadie defiende a esas familias estafadas. Pero el problema siguel, y han sido las propias víctimas y sus vecinos los que han dicho basta. La PAH y otros colectivos ciudadanos ha detenido más de setenta desahucios en estos meses, ellos mismos, junto a otras organizaciones, son los que han llevado la iniciativa al Congreso, demostrando que si los de abajo se mueven los de arriba se tambalean. Parece que no queda otra. Aunque aún nos resulte ajeno, ahora mismo está sucediendo en nuestro barrio o en nuestro pueblo. Y no es justo. Y no es humano. No se trata de economía ni de política. Se trata de que mañana nos puede tocar a nosotros. Se trata de que no somos responsables de esta crisis y es sobre nuestras espaldas sobre la que caen sus escombros.



ADENDDA:


- El Gobierno de Zapatero suavizó las condiciones pero.


- El Gobierno de Rajoy nos vendió medidas más fuertes pero.


- Las fuerzas del orden defienden los intereses de los bancos.


- La ILP sigue su curso ¿has firmado ya?

domingo, 24 de junio de 2012

El Algarrobico no es el problema.


(antecedentes: el artículo fue publicado el 15 de septiembre de 2011, tras el enésimo encontronazo entre Greenpeace y algunos sectores del pueblo de Carboneras.)




El Algarrobico no es el problema


Soy de Carboneras y estoy a favor de la demolición del hotel del Algarrobico. Entiendo que para muchos esto sea incompatible, pero nunca he creído en un mundo pintado en blanco y negro. Estoy en contra del hotel, pero también estoy irremediablemente a favor del pueblo. Porque el verdadero drama de los carboneros no es que se abra o no esa mole blanca, la urgencia real es la falta de empleo, y la ausencia de perspectivas visibles de desarrollo económico. Así de claro. Por eso se manifiestan con vehemencia y se sienten agredidos por ecologistas y jueces que parecen estar robándoles su futuro. Es comprensible. Durante años se ha alentado, de manera interesada, la llama de que el porvenir del pueblo pasaba por la puerta de ese hotel. Aunque sea mentira.
Se puede explicar que el hotel es ilegal o que sólo generaría empleo estacional de baja calidad, se puede intentar que comprendan que ese modelo de cemento en la playa y turismo masivo es ya el pasado y que no tiene horizonte frente a la competencia de nuevos destinos como el Magreb o Croacia, se puede gritar que la riqueza de Carboneras es su medio natural y que es necesario explotarlo sin destruirlo para poder vivir de él durante más tiempo. Se pueden decir mil cosas, pero la evidencia es más testaruda: la gente no tiene trabajo y el hotel está construido; si destruyen el hotel la gente sigue sin tener trabajo.
Así que respeto y comprensión a esos carboneros que se manifiestan por algo que les incumbe absolutamente. Tiremos el hotel, sí, pero ofrezcamos algo palpable a toda esa gente.
Los culpables de la situación del pueblo no son los ecologistas ni los jueces, sino las distintas administraciones que dieron los permisos para algo que a día de hoy se considera ilegal. No es entendible que la Junta diera carta blanca a algo que después, ante la presión mediática, rechazó de plano. Amén de la bochornosa historia de los mapas. Tampoco es entendible que el Ministerio de Medio Ambiente actúe a golpe de foto de Greenpeace. Ni que el Ayuntamiento quiera defender a toda costa lo que los tribunales ya han condenado. Unos por otros y el pueblo sin trabajo.
Un pueblo que tiene unas limitaciones muy concretas y que en gran parte van determinadas por el Parque Natural. No puede ser que la riqueza de un lugar favorezca su empobrecimiento, el pueblo de Carboneras debe exigir alternativas viables a aquellos que lo han metido en esta jaula de crispación. Los que le han puesto el caramelo en la boca del Algarrobico para después quitárselo. Si quieren que los habitantes del Parque amen el Parque tendrán que ofrecerles la posibilidad de vivir de él. Si pregonan el desarrollo sostenible tendrán que dotar de instrumentos económicos acordes a esa consigna. Si no quieren que el pueblo de Carboneras se sienta estafado y abandonado tendrán que darles un futuro que no sea el del beneficio rápido de unos pocos y la vuelta a la precariedad casi inmediata de la mayoría. Ese otro futuro es posible y sólo falta la voluntad.
Está claro que el Algarrobico no es el modelo, y aunque lo fuera, se han empeñado en que el mañana de Carboneras no debe pasar por ahí. De acuerdo. Pero basta ya de abusos. No sólo de abusos urbanísticos, sino que también y sobre todo, basta de abusar de la gente. Estoy en contra del hotel y quiero que no quede ni un ladrillo frente a la playa, pero estoy a favor, sin matices, de los carboneros. Que los responsables paguen, y que los que nosotros pagamos con nuestros impuestos encuentren la llave del futuro, sino quieren que acabemos tirando la puerta abajo. Que ya está bien de jugar con las personas.



ADENDDA: